Esta ves les voy a platicar como fue la primera y única guarapeta que me puse con el Sr. Hans Beimler dueño de cine comercial y días después mi primer encuentro con Ovnis.
Allá por el año de 1978 trabajando en Cine Comercial lleve a dirección y producción de scouting para unos comerciales de VAM, automóviles hechos en México, la señorita Thalia Watcher, fue la encargada de conseguir hospedaje, alimentación, locaciones y permisos necesarios para filmar esa campaña, pero, - recuerden que siempre hay un pero- después de visitar locaciones en Texcoco y un desierto en Oriental Puebla llegamos ya tarde noche a Martínez de la Torre, frontera entre Puebla y Veracruz y nos topamos con que las habitaciones del hotel Emporio que había reservado la Srita. Thalia, no eran ni remotamente lo que había encontrado en el directorio amarillo días antes, (en aquel entonces ni asomos internet) llegamos al hotel y vimos borregos, pollitos y gallinas en el patio principal, habrás de suponer que en las habitaciones las camas habían dejado sus mejores años muchísimos huéspedes atrás, no había agua caliente y no había televisores ni nada de comodidad a la que estaban acostumbrados los visitantes que ese día recibían, por lo que yo baje mi maleta y pensé que en el peor de los casos me dormiría en la camioneta de producción.
Pero en cuanto el Sr Hans vio ese lugar y a pesar de la hora me pidió saliera yo a buscar un lugar mas cómodo.
Hoteles si había, pero era necesario reservar con por lo menos un día de anticipación dado que a ese lugar llegaba mucha gente que hacia negocios diversos como venta de ganado, semillas, herrajes y mas.
Así fue como después de buscar en todo el pueblo encontré una casa de huéspedes muy limpia, muy pintadita, muy segura, pero con una habitación que tenia solo tres camas y a las que lo único que dividía era una sabana de piso a techo y de pared a pared, pero esa fue mejor opción que el hotel Emporio
Ahí pasaríamos la noche.
Así mismo en mi scouting de alojamiento hotel también busque un lugar donde el Sr, Hans pudiera beber bodca que era su bebida preferida y fui a dar a un pequeño bar muy agradable cuyo dueño resulto ser un soldado jubilado que en la guerra de Vietnam había perdido un brazo, y que algún día por azares del destino llego a Martínez de la Torre y ahí le gusto para terminar su vida, Michael si no mal recuerdo era su nombre -Miguelito pa´los cuates- en su negocio vendía además de comida toda clase de bebidas, ya fueran finas como, koñas, guisquis, bodca vivoroba cocteles y tragos de todas clases por lo que esa noche cenamos en ese lugar y para que la Srita. Thalia tuviera privacidad para desmaquillarse, bañarse y meterse en su pijama Mr. Hans y su servilleta procedimos a tomarnos unos tragos, tantos que ya después Juan el alemán y yo platicábamos acerca de la inflación mundial y del porque Mr. Hans siempre dejaba restos de comida en su
plato dondequiera que comiéramos a pesar de que el había vivido en Polonia muchas carencias durante la segunda guerra mundial pasando días sin comer tratando de huir de la guerra.
Me explico que entre la gente que el frecuentaba y había hecho dinero era de mal gusto terminarse todo el plato, ya entrados en tragos también platicamos de porque cada que salía a caminar al patio de la compañía tenia cara de enojado, a lo que él me contesto -ustedes los mexicanos son muy abusados si me ven contento piensan que ese es el mejor momento para pedir aumento y como eso no se puede hacer cada ves que estoy contento prefiero que me vean encarboronado- y así entre estas y otras muchas platicas nos paso gran parte de la noche y ya muy entrados en copas y ya en casa de Michael porque ya había cerrado su negocio nos fuimos a descansar tratando de no hacer ruido pero las calles empedradas de Martínez de la Torre nos lo impedían.
Total, que haciendo eses sigilosas por el camino llegamos a nuestras habitaciones y descansamos lo más mejor que se pudo con la guarapeta que traíamos encima y que fue motivo de platica durante todo el regreso de ese viaje.
Horas después llegamos a lo que seria mi primera visita a pueblo de Cuetzalan Puebla. (En 1982 regresaría con el INI para ser testigo de como se las gastaban López Portillo, el gobernador de Puebla y pinches policías federales chingando a los indígenas que habían ido al primer congreso nacional Indígena) pero esa ya es otra historia y me estoy desviando del motivo de este escrito.
Asi que, habiendo dejado un gran amigo en Martínez de la Torre, así como muy gratos recuerdos, llegamos a nuestro destino, una vez ahí se tramitaron los permisos necesarios para regresar a filmar días después durante las fiestas del pueblo a los voladores de Papantla. Esa seria la primera de muchas veces que he visto en mi vida tan peligroso espectáculo con la única diferencia de que en ese lugar es un tronco muy alto donde suben los intrépidos voladores para después descender dando vueltas mientras su compañero toca un tamborcito allá muy arriba en la punta del tronco. Posteriormente salimos con rumbo a una playa muy poco conocida en aquellos años en Veracruz llamada Casitas, lugar donde días después seria yo testigo de como un modelo llamado Alfredo Chavira le salvaría la vida a un lugareño empleado de Telmex que se había adentrado al mar emborrachado y hartamente comido con lo que propicio un calambre que casi le cuesta la vida. Pero esa es otra historia.
Regresamos ya noche al en aquel entonces llamado distrito federal
Una semana más tarde salimos muy temprano en una caravana de autos y camionetas al ya conocido por nosotros desierto de Oriental Puebla (lugar donde en tiempos de secas es una planicie muy grande y desértica simulando un vasto desierto y en tiempo de lluvias un lugar donde crece una planta que sirve para hacer jabón) con el propósito de filmar la primera parte del comercial titulado Desierto y Mar de vehículos automotores mexicanos. Entre nosotros iba un joven modelo de quien mas tarde sabríamos su nombre resultando ser Carlos Valdez, hijo de Tin Tan, al terminar de filmar en el desierto de Oriental la caravana
de autos y camionetas emprendimos el camino hacia Martínez de la Torre y Don Joaquín y su servilleta fuimos los últimos en la fila, pero unos kilómetros mas adelante en nuestro viaje a Martínez de la Torre todos los autos nos fuimos orillando a la orilla porque así lo había hecho la delantera. Al bajar de nuestro transporte vimos a todos volteando hacia el cielo viendo cuatro luces o más que viajaban a una velocidad muy superior a un avión, licotero, satélite o nave conocida por nosotros iban y venían formando estrellas o dando círculos a una gran velocidad, pa´que me entiendan iban hechos la madre y fue ahí donde nuestro modelo nos menciono que el era en aquel entonces copiloto de Aeroméxico (años después fue quien introdujo Anway a México) y que lo que habíamos visto era sin lugar a duda algo fuera de este mundo, estos ovnis después de estar un rato haciendo sus piruetas salieron disparados en diferentes direcciones hacia el infinito o mas allá, embelesados y con un cumulo de dudas continuamos nuestro viaje hacia Martínez de la torre nuestro destino de ese día.
Lo que sigue a continuación fue que al día siguiente filmamos en el bello pueblo de Cuetzalan donde vimos toda clase de folclore. Descansamos y al otro día filmamos la ultima parte de ese comercial previo al momento en que Alfredo Chavira le salvaría la vida al ya mencionado lugareño trabajador de Telmex, impidiéndole se ahogara, acto seguido Alfredo entre aplausos subió al jeep y los mirones al trabajo o como dijera el Sr Medina mi Apa: cada chango a su mecate.
Gabo Medina Pandemia 2020